El Ateneo

¿Quiénes somos?


El Ateneo Popular Azucena Roja (APAR) es un proyecto que pretende dar respuesta a la ausencia de lugares gestionados por y para el pueblo trabajador en Tenerife. Situado en el barrio de Padre Anchieta (La Laguna), el Ateneo es un espacio al servicio del conjunto de habitantes del barrio y del resto de la isla. Además, nuestro modesto local busca servir como punto de encuentro en la zona donde la cultura, el arte, el esparcimiento y el activismo social y político vayan de la mano. Desde el Ateneo creemos que la cultura debe nacer del pueblo y ser del pueblo.

El Ateneo es propiedad de la Fundación Obrera de Investigación y Cultura (FOIC), organización que lleva años desarrollando labor cultural al servicio del pueblo trabajador.

El espacio, humilde, cuenta con una sala polivalente (para realizar charlas, reuniones, proyecciones...), baño, biblioteca con centenares de libros (historia, sociología, filosofía, economía, política...), zona para pintar (pancartas, murales, cartelones...) y "ventita roja" (con diversos materiales como libros, camisas, chapas...).

¿Azucena Roja?


Isabel González González nació en Tenerife en 1968. Es conocida por su apodo "Azucena Roja", que se inspira en La azucena roja, una historia de amor en la época napoleónica (1984)del Premio Nobel de literatura Antole France. Fue una destacada militante comunista y feminista, activista y publicista. Pasó gran parte de su infancia en Cuba donde su familia emigró para ganarse la vida. Desempeñó un papel protagonista en las luchas del pueblo canario a principios de los años veinte y en la construcción y difusión del comunismo chicharrero. Se la considera la primera comunista de Tenerife. Publicó numerosos artículos en El Socialista, Obrero Rojo y Espartaco, animando a las mujeres a emanciparse y a liderar la lucha por una nueva sociedad para el pueblo trabajador.

A pesar de su escasa formación, Isabel González fue una de las primeras personas en las Islas que comprendió lo que realmente significaba el estallido y el triunfo de la revolución de octubre de 1917 en Rusia, la tinerfeña supo interpretar precozmente el mensaje que para los trabajadores de todo el mundo tuvo la Revolución rusa.

Participó en diversas organizaciones como el recién fundado PSOE, con el que rompe y aglutina en torno a ella a las y los primeros comunistas chicharreros, la Liga Femenina Socialista, que fundó y presidió en 1919, el Partido Comunista, una vez que se crea finalmente en 1933 y Claridad Feminista. También en 1935, tras su viaje a la URSS en una delegación de obreras y obreros, funda la agrupación Amigos de la Unión Soviética. Además, es elegida como la primera mujer concejala en el ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife en 1936. Pronto, con el golpe de estado es asesinado el alcalde Schwartz Hernández y el movimiento obrero es aplastado. Azucena pasa a la clandestinidad hasta 1945 tiempo en el colabora con el Socorro Rojo Internacional, cuando se reintegra a la vida pública, aunque vigilada. Murió por enfermedad en 1968.

Bautizando el Ateneo con el nombre de Azucena Roja pretendemos recuperar una figura que nuestro pueblo olvidó, una de las mujeres más extraordinarias que ha tenido la historia de Canarias.

Un poco de historia.


El ateneo popular o ateneo obrero es el nombre que recibe un tipo de asociación que surge de la tradición del movimiento obrero del estado español. Originalmente conformados como asociaciones culturales su proliferación, especialmente entre la década de los 80 del siglo XIX y la Segunda República Española, se vio favorecida en buena parte por la carencia de infraestructuras educativas oficiales para la clase trabajadora; en muchos casos tenían locales propios o utilizaban las infraestructuras de los sindicatos o de asociaciones comunales. Algunos ateneos populares estuvieron políticamente alineados al pensamiento republicano e izquierdista y de varias organizaciones militantes de España, y eran el punto de encuentro para la difusión de sus ideas.

Entre las actividades de los ateneos populares podían encontrarse boletines informativos, edición de libros y panfletos, excursiones al campo, conferencias y charlas, teatro, recitales poéticos, debates, clases de esperanto, o bibliotecas de libre acceso; generalmente estas actividades eran autofinanciadas por las y los usuarios. Algunos de estos ateneos, debido en cierto modo a la influencia anarcosindicalista, mantenían escuelas racionalistas en las que se escolarizaban los hijos de los trabajadores en un ambiente laico y progresista.